Museo de la indumentaria: Barcelona

Christian Diormuseo-indumentaria-textil-barcelona (1)museo-indumentaria-textil-barcelona (9)museo-indumentaria-textil-barcelona (7)museo-indumentaria-textil-barcelona (3)

“Ha sido realmente un día maravilloso. De aquellos en los que todo te sale a pedir de boca y para celebrarlo; quiero compartir con vosotros una experiencia del mismo calibre, mi visita al Museo de la Indumentaria Textíl de Barcelona.”

Siglos y siglos para la evolución de la moda femenina.  Bustos que fueron utilizados desde el siglo XVII hasta el XIX; como podeís observar las cinturas  a las cuales debían ceñirse los diseños y las medidas del contorno de cintura, rondaban los 40 centímetros. Brocados de terciopelo con aplicaciones en hilos de oro hecho a mano,  para entonces no había nacido ni el inventor de la primera máquina SINGER.

Después de la revolución industrial, los tejidos no solamente fueron exclusivos para la alta sociedad. Bueno, eran para la alta sociedad, aquellos hechos en  hilos de oro, de plata y sedas de 253 hilos.

Sin embargo, para la clase obrera nacía la estampación. Los costos de tener una tela adornada disminuyeron notablemente luego de la primera imprenta textíl, se compraba la materia prima, se auto confecciona el vestido y los primeros vestigios de “minimalismo” se dejaban ver en este grupo cuyo afán de vestir, era cada día más aspiracional.

Una dama de la crema y nata para aquella época, no tenía doncellas por gusto. Los vestidos alcanzaron su mayor volumen y proporción, se dejaba atrás el estilo Helénico y sobre la cintura femenina comenzaban a reposar armazones de alambre metálico. Cantidades exageradas de can-canes y finalmente, el vestido que se moldeaba al cuerpo de la señorita; quien desde niña, había sido acostumbrada a llevar corsé; sus órganos internos estaban  para su adultez deformados.

Así, muchas mujeres, al quedar embarazadas y dar a luz, se reventaban literalmente y morían ya que tener una cintura de 30 centímetros tenía un precio bastante alto.

Debían cumplir con cantidades elevadas de requisitos para mantener su estatus delante de los demás, entre ellos, servir de adorno a su cónyuge. Hecho que actualmente podría sonar retrógrada, sin embargo para la época, ellas eran felices y habían sido criadas para ello.

Era un ritual complejo y extenso a seguir: siempre las manos cubiertas, nunca enseñar los tobillos y tener un vestido de día y otro de noche. No podían faltar los complementos: pelucas, camafeos, ridículos.

Decía Coco Chanel, “mientras el hombre desnuda su mujer, el apetito sexual ya ha pasado”.

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