Dior en el museo Pushkin de Moscow.

Dior en el museo Pushkin de Moscow (1)Dior en el museo Pushkin de Moscow (2) Dior en el museo Pushkin de Moscow (3)

 

“Estoy conmocionado con la apertura de la exposición  Dior en el museo Pushkin de Moscow. Pagaría mucho con tal de ir a verla, pero los exámenes pre-verano me tienen completamente impedido.”

 A veces, suelo pensar que el mundo de la moda, ha perdido su esencia tan frívola y despiadada que le caracterizaba, ese aroma que aportaba tanto glamour.

Muchos desean llevar sobre su cuerpo las últimas tendencias y tocar el tema de la “ropa” en una conversación civilizada de personas educadas mientras toman el té con pastitas.

Pero mi realidad y concepción son un tanto diferentes. Pocos saben que el diseño de moda nació en la última mitad del siglo XIX en un atelier “x” cuando el couturier (probablemente el cabecera de la Emperatríz Sissi) comenzó a pintar los bosquejos para ella, inspirándose en la galantería de las casas reales. Sería este hombre quien de ahora en adelante, impondría qué llevar; la dama que luciría el atuendo, había perdido su poder de influír en él y sería ella, quien se adaptaría a la propuesta en gestación.

Una de las misiones más características de las firmas de alta costura  y también de cada uno de sus directores creativos, es recordarnos que probablemente no todo está inventado. Recuerdo un documental sobre la herencia a la cámara francesa de la alta costura que Chanel y Dior dejaron en sus legados correspondientes: totalmente opuestos.

Una máquina de coser por cada cincuenta costureras que trabajan alrededor de seis meses en atelieres especializados, en bordados, estampados y confección, se reúnen para crear lo que sería la consumación de todo diseñador IMPONER UN ESTILO.

Por desgracia hoy en día, un “vestido” hablando  del significado contemporáneo, se ha convertido en un intento de adaptación que se reduce  a un compendio de ideas platónicas del “diseñador”. La silueta de una mujer, la feminidad y la comodidad, parecen ser factores que hoy por hoy tienen el valor de un cero a la izquierda.

Regresando al tema de los padres de la haute couture enfrentados; la principal diferencia de sus legados radicaba en la fobia que Dior tenía al plagio y la copia. Las colecciones eran transportadas entre las habitaciones del taller, cubiertas por bolsas negras resguardadas con recelo y privacidad. Sí en la habitación donde se llevaba a cabo el desfile, la prensa, en vez de tomar nota hacía bosquejos o fotografías, se les invitaba respetuosamente a salir.

Los retales de tejidos y las cartas de color se quemaban para evitar que se “tomaran como inspiración”, en el hall principal del taller Dior había un cartel que decía : “Copiar es robar”.

Chanel por el contrario, daba por sentado su éxito en la copia. Bajó de su coche al observar un vendedor parisino de falsificaciones del 2.25, le abrazó y se fue.

Así, cada cuál aporta la postura que mejor le va para sobrevivir en el mundo horrible de la moda que tanto amamos.

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